El camping conocido como "ex La Matanza", lugar emblemático que durante años fue explotado por un sindicato, hoy en día tiene un nuevo “dueño”. El predio fue concedido por 15 años mediante la licitación pública número 10 del año 2022.
Dentro de los pliegos a los cuales pudo acceder el diario, llamó la atención algo que está en cuestión hasta el día de hoy: los árboles costeros de la ribera de la laguna. La licitación y su concesión, que esta vez no pasó por el Concejo Deliberante debido a que hubo más de una oferta, fue llevada en su totalidad por el Ejecutivo municipal.
En el pliego se recomienda, siguiendo un patrón, la cuestión de talar 77 árboles del camping. Es llamativo que en la documentación solo haya tres fotos de árboles deteriorados, y se argumenta que estos ejemplares presentan deterioro y constituyen un riesgo estructural. Sin embargo, insistimos en que no es el único lugar donde se habilita a extraer árboles. La tala proyectada en toda la ribera es alarmante. La medida se justifica con la promesa de una futura reforestación con especies nativas, pero esta solución no compensa la pérdida de árboles que forman parte del paisaje desde hace años.

Por otro lado, es importante mencionar que el Partido Justicialista ha tomado cartas en el asunto. Los concejales han solicitado a la justicia una medida cautelar de no innovar hacia todos los campings concesionados del municipio. Esta decisión responde a la preocupación que despertó la tala, frenada por los vecinos en el Recreo R1 de la costanera sur. Esta presentación judicial del PJ, junto a la lucha activa de los vecinos, pone en evidencia la necesidad de políticas ambientales más cuidadosas y de largo plazo.
La cuestión rivereña siempre ha generado conflicto. Cabe recordar que la ordenanza que “ordena” estos espacios fue votada por mayoría y no por unanimidad, como amerita una cuestión tan importante y a tan largo plazo. También es fundamental tener presente que no basta solo con la intervención del Ejecutivo en este tema. La trunca experiencia en El Palomar sirve como un trágico recordatorio de lo que puede ocurrir cuando se priorizan otros intereses por encima de la conservación ambiental, o bien la tala ya mencionada en párrafos anteriores.
Esta situación nos obliga a preguntarnos: ¿qué tipo de futuro ambiental queremos para Monte? Los esfuerzos de reforestación y conservación deben ser serios y sostenibles, no respuestas reactivas a crisis puntuales. Nos merecemos políticas de gestión ambiental que protejan nuestros recursos naturales y eviten que se sigan perdiendo recursos arbóreos en nombre de la "modernización".


