En un viejo artículo periodístico de agosto de 2006 me encontré con una conclusión “el conflicto entre la creciente demanda y la conservación del ambiente se verá muy agravado”. Han pasado 18 años y en estos días la sociedad Montense asiste a un claro ejemplo de esa gravedad. Mercado, progreso o cuidado del ambiente. O todas. En ese nudo estamos. Pareciera que no hay un plan, porque ellos, no importa quién sea, podrían decir: bueno, vamos a pensar en un plan de reforestación de acá a 20 años. Bien. Perfecto. Qué vamos a hacer. Y una posible respuesta sería: vamos a ir reemplazando todas las especies que por sus características naturales pueden llegar a ser peligrosas para la vida humana, se van a ir sacando en la medida en que esas especies ya no puedan ser conservadas. Porque se secaron, se ahuecaron, entre muchas otras razones. Algo así era la conversación entre dos jóvenes mientras miraban como en un show como los sexagenarios eucaliptus eran aniquilados por la moto sierra. Al final era cierto y la famosa moto sierra estaba más cerca de lo que parecía.

La cuestión ambiental corta la tranquila cotidianeidad del pueblo y un grupo de vecinos parece no quedarse en silencio y emprendieron una movida acción buscando desenmarañar las, hoy diríamos, poco claras condiciones en las que ese sector de la costanera sur fue cedido. Ese cerco vivo que algunos relatos y algunos documentos de carácter histórico afirman debe su existencia a donaciones de vecinos allá por el año 1963, ha sido acusado de peligroso y sin juicio previo fue ejecutado. Entre todas las cuestiones quizá lo central es como un tema aislado que se venía desarrollando silenciosamente desde finales de julio en este frío agosto explotó y la comunidad hizo suya la causa demostrando que cuando hay fines comunes, las diferencias quedan de lado y el esfuerzo comunitario se deriva hacia una misma cuestión. Ya imposible revivir esas especies, pero tal vez sentar el precedente para que los futuros ejecutivos municipales y Concejos deliberantes, ya no puedan ceder un cheque en blanco bajo el rótulo de una licitación.

Alguien pensó en cómo afecta que estos árboles parte de un gran cerco vivo, al no estar, si las condiciones y las características de los microambientes que dependen del ecosistema lagunar pueden sobrevivir sin ellos o se alteran. La temperatura de monte puede verse alterada. Si yo talo esos árboles y en vez de eso planto Ceibos. Cumplen la misma función que el eucaliptus como barrera vegetal contra los vientos. Son muchas las cuestiones, porque las temáticas ambientales nos encuentran poco preparados. Pero dimensionamos viendo la cuestión desde afuera que en las reuniones previas a la aprobación del proyecto los Concejales se hicieron en tanto representantes de todos, estas y otras muchas preguntas.
Ese tipo de razonamiento es muy fino. Algunos dirán hasta muy filosófico. Pero hay que plantearlo. En monte vos caminas kilómetros por el centro y cruza la plaza en un día de mucho calor. Es como cruzar por dentro de un horno. No hay vegetación. Porque en algún momento a alguien se le ocurrió sacar todos los árboles. Está comprobado que las cubiertas vegetales disminuyen entre 3 y 6 grados la temperatura del lugar. Entonces vas a seguir sacando los árboles. Si te lo está diciendo la ciencia, que al contrario, hay que sumar árboles para disminuir la temperatura ambiental. Cuanto más cemento vas inyectando más aumentas la temperatura. Todo ese cemento debería venir acompañado del incremento de los porcentajes necesarios de cubierta vegetal. Observemos gran parte de los emprendimientos urbanísticos que se han construido alrededor de la laguna, no tienen vegetación. Claro, porque reciben la moderación de la temperatura de la laguna, pero los que están en el centro los ahoga el calor. Quizá es un contraste burdo, pero buscar que se discutan estas cosas porque de eso depende la calidad ambiental de toda la comunidad. Son cuestiones que hay que discutir.
Pero es una discusión profunda. Qué estructura forestal le vamos a dejar a las generaciones futuras. No le vamos a devolver al pueblo una particularidad que la evolución le quitó. Los registros de los partes de García allá por el 1800 dicen que caminaba por un pueblo en donde las características eran entre otras, la existencia de frondosos bosques. Pero Mínimo cuatro especies por cuadra. Multipliquemos y hagamos que el balance sea positivo. Y en ese balance incluyamos a los jacarandaes de la avenida, merecen otro trato. Esas especies engalanan esa avenida que es la arteria que marca la transformación profunda de nuestra comunidad. Ese tipo de planteos no hay. No está esa mirada. Nadie está mirando eso. Hay 20 cuadras que no tienen nada.
Bueno, busquemos la mejor especie que no levante las veredas. Consensuemos con los vecinos. Y entre todos vamos reforestando de a poco. Y todo esto debería estar en un plan.
Ahora, si la política va a ser satisfacer los intereses de un grupo económico, bueno, esa es otra postura. Es lo mismo que con las aves que vienen en la primavera a la plaza. Hay lugares que han hecho un foco turístico. Hay gente que va a un determinado lugar del mundo a ver la llegada de esas especies. Acá les talamos los árboles porque ensucian. Bueno, ahí tiene que haber un equilibrio. Qué hacemos. Solucionamos el tema de la suciedad y tenemos un espectáculo maravilloso de la naturaleza, O, le talamos todos los árboles para que no haya pájaros.
Dijo el Presidente de Kenia ante una catástrofe inminente, cuyas señales de advertencia son ya insoportablemente desastrosas, una acción débil es imprudente y ninguna acción es peligrosa…


