Recientemente, me encontré con un libro realmente que me cautivó, escrito por Antoni Gutiérrez-Rubí, un renombrado consultor político. El título de la obra es "Gestionar las emociones políticas", claramente que no soy un experto en el tema, pero quisiera compartir los aspectos más destacados que he extraído de sus páginas. Estoy seguro de que les sorprenderá tanto como a mí.
El autor menciona numerosos factores psicológicos y emocionales contribuyen a la extendida idea de que la política no experimenta cambios significativos y de que ninguna candidatura merece la pena. Todo parece ser más de lo mismo.
En primer lugar, encontramos el fenómeno conocido como sesgo de confirmación, que implica la tendencia que tenemos de buscar, interpretar y recordar selectivamente la información que respalda sus creencias preexistentes. Cuando se han tenido experiencias negativas o desilusionantes en el ámbito político, es probable que se busquen pruebas que confirmen la creencia de que las cosas seguirán igual. Por ejemplo, un debate sumamente polarizado puede reforzar la idea de que la política no mejora y carece de credibilidad.
En segundo lugar, el que más me gusto habla del concepto de aprendizaje por asociación: si muchas personas han aprendido que la política implica mentiras y promesas incumplidas, es probable que crean, por asociación, que sus futuras experiencias políticas serán similares y, por ende, desarrollen actitudes de desconfianza y hastío.
El hastío, la emoción principal que genera lo dicho anteriormente, es un claro indicador de la pérdida de esperanza en la posibilidad de un cambio en la política y en la sociedad en general. Pensar que todo es más de lo mismo implica no distinguir entre las distintas candidaturas. Además, es un símbolo de que algo no se está haciendo correctamente, la confianza en las instituciones se ha erosionado, ya que los políticos no generan entusiasmo, no logran persuadir ni convencer de que son diferentes al resto y de que no son más de lo mismo, te hace ruido lo dicho, ¿no?
Como resultado, las opciones más probables que se presentan en nuestro imaginario son votar por el candidato considerado "menos malo" aunque sea con desgano, abstenerse de votar, emitir un voto de castigo al elegir un partido que represente una opción útil y testimonial, aunque carezca de posibilidades reales de gobernar, o recurrir al último recurso: el voto nulo.
Aunque las razones para votar y los mecanismos que impulsan el voto siguen siendo complejos y a veces incomprensibles, Rubí dice que las emociones desempeñan un papel clave en la motivación y el compromiso político, y que las emociones negativas pueden dar lugar a actitudes de apatía, desinterés e incluso rechazo.
En si nada nuevo bajo el sol pero siempre es bueno verlo plasmado para entender algo que sentimos pero no sabemos por qué. Tal vez, al comprender y manejar mejor nuestras emociones políticas, podamos abrir la puerta a una transformación real y significativa en nuestro sistema político y en la sociedad en general. Puntualmente a mi me pasa que estoy podrido de la aburrida polarización. Lugar vulgar que carece de sentido y desafío intelectual.


