Es la economía junto con la tecnología, los grandes ejes de la vida cotidiana en esta fase avanzada del capitalismo global. Inmediatez. Todo ya. Superficialidad. Nada se guarda, todo se tira. Todo sucede vertiginosamente, incluso conversábamos con un amigo hace unos días, hasta los rituales ligados a la muerte están transversalizados por la rapidez. La hoja se pasa. Punto. Y todo sigue. Hace ya un tiempo leí un artículo de García Canglini, que planteaba que ante la arremetida del proyecto global, los países latinoamericanos tenían en sus estructuras culturales, la principal herramienta para defenderse. Sumidos en la inestabilidad política y social y con tendencias a que las desigualdades sociales y económicas crecieran, la riqueza de sus culturas era el escalón más sólido para no perderse en el mar de la globalización y contener su identidad.

Por la década del 50 se llevó a cabo el primer desfile criollo en la Avenida San Martin. La llegada del Obispo a los festejos populares del Santo Patrono se remonta a finales del siglo XIX. En cada reunión de los Municipales se cumplía con un ritual que incluía aprobar el acta de la sesión anterior. A diferencia de otros distritos celebramos ya hace mucho el Día del Niño con chocolate y la quema de muñecos. Cerca de 30 años que se impuso un evento conocido como Velada de Mayo y hace 45 que festejamos el Día del Pueblo. Otras prácticas no tan centenarias como la vuelta del perro a la plaza o que la comunidad se congregue en el centro a disfrutar de las tardes de primavera o el clásico paseo por la costanera y detenerse a contemplar el agua. Muchos de estos ritos son producto de la movilidad lógica de la vida cotidiana. Otros son impuestos por circunstancias puntuales como la Semana y Fiesta de la Federación que se fortalece a finales de 1980 a raíz del traslado del Rancho de Rosas de Cerrillos a su emplazamiento actual. Muchas se sostienen a pesar del tiempo y de los embates de la globalización, otras desaparecen porque la dinámica social así lo determina y a veces se trata de modificarlas, no hace mucho algún funcionario dijo “las tradiciones se van a morir” en un pueblo conservador y de gauchos como Monte esa sentencia modernista corrió como pólvora en los ámbitos más tradicionalista y los puso en guardia. Pero detrás de estas reflexiones se esconde un debate más de fondo que vamos a acotarlo momentáneamente en un interrogante, cuál es la política pública y cultural que haga confluir las permanencias y los cambios de una sociedad heterogénea como Monte. Hace unos días una nueva tradición, global si las hay, movilizó centenares de niños bajo el lema de dulce o truco, seguido otros niños copaban la plaza caracterizados de santos y hoy otros niños tomaran la plaza caracterizados de paisanas y gauchos. Esos tres eventos tradicionales no son otra cosa que la manifestación concreta del debate que se debe dar abiertamente y seriamente entre los Montenses. Y que a su vez se entrelaza con el debate por nuestra identidad ante la oleada global. Si la identidad en una forma inmediata, puede definirse como un conjunto de rasgos que le dan a un individuo o a un grupo una cierta forma de ser, una manera de estar en el mundo, o para decirlo en términos un poco más estrictos, una personalidad característica, dice Mariano Garreta. Halloween, el Día de todos los Santos y el de la Tradición no solo nos están planteando algo más que eventos para llenar una agenda. Son tres debates muy profundos, que año a año los esquivamos culpando a los niños que participan en vez de sentarnos a debatir. Monoculturalismo, multiculturalismo o desterritorialización ahí confluyen las grandes líneas de opiniones y por más que las anulemos o invalidemos, dependerá del contexto pero una u otra avanzará y terminará predominando ante nuestro más absoluto asombro, fundado principalmente en no debatir.