El Sin Pensar: la escuela entre caballos y rebeldías
El Stud El Sin Pensar, de su abuelo, fue su primer campo de batalla. "Con mi abuelo éramos perro y gato, pero nos amábamos", confiesa. Allí aprendió que el éxito en las pistas no es casualidad: "Las cualidades para que un caballo rinda al máximo son buena comida, buena cama y buena atención".
Aunque aclara que no se dedica a la cría —"No, no crío caballos. Sí tuve y tengo caballos de la familia, cuidados, pero son caballos que compramos de grandes"—, trabaja con ejemplares como Babora Best, con la que sumó cuatro victorias.
La yegua Isabella Shin es la preferida, la que carga con la mística: "Cuando mi abuelo la tenía, como que no le daba bola. Un día la fui a ver y estaba como abandonada. Le dije: ‘La corres y yo la cuido’. Así fue: ganamos dos carreras de cuatro que se la corrí", recuerda.
Tras la muerte de su abuelo, su tío Silvano tomó las riendas del stud, pero los desafíos continuaron: Isabella enfrentó un tumor ovárico y perdió su primer potrillo. "Quedó preñada, pero se le murió la cría. Este año tenemos la esperanza de que vuelva a ser madre", explica.
Hoy, la yegua ya no corre, pero sigue siendo un símbolo: "Isabella es la que me marcó mucho. Es el nexo con mis raíces".
De Palermo a Uruguay: un palmarés sin fronteras
Su currículum es imparable: ganó en los tres grandes hipódromos —"Palermo, San Isidro y La Plata"—, en Dolores con Súper Fugaz —"un caballo heredado de mi abuelo"— y hasta en un torneo de jocketas en Uruguay. "Ahora me doy el gusto de correr en el interior, como Río Negro. ¡Hasta acá, no puedo pedir más!", celebra.
Pero recalca que no está sola: "Monte es un pueblo de grandes deportistas", y enumera a sus colegas: Axel y Kevin Banegas, Pedro Diestra y Maxi Machado, quien se forma en la Escuela de Jockeys de San Isidro.
Sobre el turf
Un dato clave: es una profesión donde la gran mayoría son hombres, pero hay varias mujeres en La Plata, San Isidro y hasta una en Rosario que vienen a Buenos Aires a correr.
El turf no entiende de descansos. "Es una profesión que te tiene que gustar mucho. Se trabaja de lunes a lunes, llueva, haga frío o calor. Solo paramos el 1° de mayo, 25 de diciembre y 1° de enero", la razón es simple: "Los caballos comen todos los días, explica.
Ansiedad vs. concentración
Aunque se define como "muy ansiosa", en las pistas encuentra calma: "Soy tranquila para correr. Trato de estar lo más relajada posible para sentir al caballo".
Esa serenidad le permitió triunfar incluso con Súper Fugaz en Dolores, un caballo que heredó de su abuelo y al que guió hacia la victoria.
"Imposible alejarse": el turf como identidad
Para Milagros, el turf trasciende el deporte: "Representa mi infancia, mi mundo. Es una pasión que, aunque quieras alejarte, es imposible. Se lleva en la sangre y en el corazón".
Milagros está escribiendo su propia historia, acompañada de toda su familia, no cabe duda de que esta honrando la memoria de su abuelo, corre rápido, sin soltar las riendas de sus raíces.


