Siempre planteamos a lo largo de los 90 episodios de 90 pequeñas historias, que a medida que fuimos avanzando, detrás de cada nombre y apellido o solitario relato había una historia más compleja, más rica que no había sido contada. Así fuimos develando que la historia de Monte es mucho más amplia, rica y diversa que las síntesis de los relatos oficiales o las posturas muchas veces sectorizadas. Obras que transforman intenta ser un brevario que nos permita recuperar y poner en valor algunas historias ligadas a grandes obras que transformaron el pueblo y que en muchos casos marcaron un antes y un después. Sin dudas después de que las mismas fueron no solo pensadas sino ejecutadas la cotidianeidad del pueblo ya no fue la misma. Tienen su contexto histórico, pero llegan a cada lector sin depender para leerlas del orden cronológico… son disparadores para repensarnos y tomar dimensión que nada empezó ayer, al contrario, hay un antes muy rico e intenso que sostiene el presente en el que estamos moviéndonos.
No es la primera ni la última obra, pero vaya que transformó al pueblo, en la segunda mitad del siglo XIX a partir de un límite que puede ser 1860 inaugurando una nueva etapa en el desarrollo de Argentina y de Monte. La articulación a la economía mundial llevaba consigo a la articulación del mercado nacional y con este las articulaciones de los mercados locales. Todos los niveles se van lentamente integrando a esa locomotora que era el comercio mundial.
En episodios anteriores nos propusimos plantear en lo posible como se van dando a nivel local los elementos de la estaticidad, la cristalización de una estructura institucional. Otro de los componentes a destacar es el desarrollo del ferrocarril. El ferrocarril fue la respuesta al problema del transporte, rebajando radicalmente los fletes y posibilitando con su sola presencia, la puesta en producción de las tierras más alejadas de los puertos de embarque y de los centros de consumo. En 1857 solo existían 10km de vías férreas treinta años después en 1887 habían aumentado a 6700km y en 1900 16.600km y en 1914 35.500km. Monte es parte de ese aumento y de las consecuencias que la integración del territorio vía ferrocarril trajo. Pero la llegada del ferrocarril se complicó y llevó a la Corporación a tener que reclamar en varias oportunidades. El 28 de julio de 1878 la Corporación se dirige al Gobernador Casares en la que expresan que mantenidos en una larga expectativa reclaman se cumpla lo acordado entre la provincia y la Compañía FFCC del SUD de extender una línea que parte de Lomas de Zamora y llegue a Monte deseosos de los beneficios de una línea que los conecte con la Capital…y nos lleguen todas las ventajas. Así comienza el extenso expediente que se conserva en original en el AHP. Se hace hincapié en la importancia del desarrollo de nuestras industrias estimulando poderosísimamente la virtud fecundísima del trabajo y remarcan que ven esterilizarse desgraciadamente un tiempo precioso que nos daña. Los vecinos y extranjeros propietarios del partido han decidido hacer uso del derecho de petición que nos acuerdan las leyes y piden se obligue a la empresa cumplan con el contrato. Andrés Egaña, Joaquín Terrero, Félix Urquiola y Zenón Videla Dorna fueron los vecinos a los que se les encomendó la gestión a nivel provincial y sigue al petitorio varías hojas con las firmas de los vecinos de Monte entre ellos de vecinos que han tenido destacada participación en la cosa pública local. Daría la impresión de que las firmas también responden a un criterio de diversidad de orígenes y seguramente de dimensiones económicas, es decir no solo la firmaron los grandes hacendados o comerciantes, sino que representaría a un abanico diverso de la sociedad del momento. Es interesante en ese expediente la nota de un informe solicitado por la empresa en la que se deja evidencia de que no había en principio un interés real de extender el ramal Lomas de Zamora, Cañuelas Monte. En ese informe destacan altamente productivo el ramal Dolores Maipú, no así en el que se encontraba Monte, es más la apertura del mismo iría en detrimento del ramal a Lobos que era mucho más rentable para la provincia. Es más, los informes no eran favorables. La cuestión es que ya la Corporación Municipal había respondido al Superior Gobierno sobre la concesión de tierras para la llegada del FFCC corría el año 1873 y comenzaba un camino de 19 años hasta que en mayo de 1892 el principal producto de la revolución industrial llegaba a Monte. El ferrocarril fue dinamizador de la economía y nos integró al circuito comercial que giraba en torno del puerto de Bs.As. Y le dio un impulso al pueblo que definitivamente dejaba los tiempos de la colonia para ser parte de la modernidad según se la entendía en aquellos tiempos. En oportunidad de poder mirar el registro de cargas de la Estación Monte del año 1965 podemos decir que aún el tren seguía siendo un eslabón central en el desarrollo de muchas actividades económicas del pueblo, por el registro podemos ver que llegaban desde distintos lugares producto de uso cotidianos, como colchones, televisores, latas de tomate, escobas, lustra muebles, aguarras y hasta ataúdes. Los comercios y las familias intercambiaban ferrocarril de por medio. También electrodomésticos, elementos para diferentes áreas productivas como tornillos, maderas, caños, bulones, chapas, aceites, herbicidas y solventes, tranqueras. También sorgo azucarado, avena, girasol, maíz y residuos de maíz. Cristalización de instituciones, desarrollo económico. Inmigración.
El modelo nacional se va replicando a ritmos diferentes en el interior del territorio y los montenses no quedamos al margen de todos esos procesos con sus consecuencias. Un salto cuantitativo y cualitativo se ha producido y ya nada volverá a ser igual.


