La tala de eucaliptos realizada por Agropecuaria Ghegoil S.R.L. sigue su curso legal. La disputa se ha llevado a los tribunales, donde la defensa de la empresa intenta desarmar las acusaciones de tala indiscriminada, centrando su argumento en que no fue una tala y que siempre actuaron dentro del marco legal.
Carlos Ángel Encina, abogado de Ghegoil, afirmó: "Niego que mi mandante haya talado 64 ejemplares añosos de Eucaliptus". Según él, la situación es clara: no se trató de una tala, sino de una poda selectiva. Las acciones, según la empresa, se realizaron con los permisos municipales correspondientes. "Las tareas realizadas fueron necesarias debido al mal estado de los ejemplares, que presentaban un riesgo para la seguridad pública", sostuvo Encina.
Sin embargo, los vecinos, y quienes han podido observar el lugar, aseguran que los árboles no estaban en mal estado como plantea la demandada. Testigos que participaron en la demanda afirman que los árboles estaban en perfecto estado antes de ser removidos: "Los troncos caídos eran robustos, vigorosos, lo que demuestra que no había justificación alguna para su remoción", relatan con indignación en sus testimonios.
La defensa de Ghegoil también sostiene que los eucaliptos, aunque longevos y grandes, son una especie invasora, que afecta al ecosistema local. "El eucalipto es una especie exótica... su presencia afecta negativamente el equilibrio del ecosistema local, inhibiendo el crecimiento de otras plantas", explica el escrito presentado a la jueza. La empresa asegura que la intervención no solo era necesaria, sino que forma parte de un plan para revitalizar la flora autóctona mediante la plantación de 256 árboles nativos.
No obstante, los vecinos critican tanto la necesidad como la proporción de la reforestación propuesta. En su demanda, argumentan que el daño causado por la tala de árboles tan antiguos no puede compensarse simplemente con plantar nuevos ejemplares. "Niego que el ecosistema... haya resultado dañado y/o afectado, al contrario, la intervención mejorará la biodiversidad del lugar", respondió la defensa.
Uno de los puntos más conflictivos es la falta de una evaluación de impacto ambiental previa, lo que los vecinos califican como una grave violación. Según la ley, cualquier obra que pueda alterar el medio ambiente debe someterse a un proceso de evaluación riguroso. La defensa de Ghegoil argumenta que la obra fue realizada dentro del marco legal, cumpliendo con las normativas municipales y con supervisión del municipio en todo momento. Sin embargo, los vecinos insisten en que no se llevó a cabo una supervisión adecuada, y que el municipio, incluso, reconoció que no cumplió con su tarea de contralor.
La falta de consulta pública es otro de los aspectos que más preocupa a los vecinos, quienes aseguran que no solo se les negó la participación, sino también el acceso a la información pública relacionada con el proyecto. Ante el avance de la empresa, muchos se preguntan: ¿es el desarrollo comercial una justificación válida para transformar el paisaje que tantas generaciones han protegido y disfrutado?
El relato de los vecinos presenta una perspectiva diferente. Algunos recuerdan con tristeza que esos árboles, testigos de décadas de historia local, formaban parte del paisaje cotidiano, de tardes familiares junto a la laguna, de la tranquilidad que ofrecía su sombra. Hoy, las cicatrices que dejó la tala son un recordatorio de cómo, en nombre del progreso, se toman decisiones que pueden ignorar el legado natural y cultural de un lugar.
Encina, buscando consolidar su posición, asegura que Ghegoil actuó con responsabilidad y cumpliendo con las normativas vigentes: "Niego que se haya actuado de manera negligente o irresponsable... todas las intervenciones fueron necesarias y amparadas por los permisos otorgados", concluye.
Lo raro en toda esta argumentación es que la tala y la quita de árboles paro debido al levantamiento del pueblo, no dejamos de pensar que si esto no hubiese pasado los 64 árboles y la negativa de la defensa quedaría totalmente deslegitimada.
Entendemos que el conflicto, lejos de resolverse, ha dejado una herida abierta en la comunidad y ha generado preocupación sobre el futuro del patrimonio natural. Si los argumentos de la defensa prosperan, muchos temen por lo que pueda suceder con el resto del arbolado que forma parte de la identidad de este lugar.


