Todo transita por las redes, que son el ágora de la verdad verdadera. Aún en tiempos de la posverdad. Y a todo esto hay que sumarle hoy, como plantea en un reel Luciano Eguen, con su sagaz análisis de la realidad política, todo lo que vamos a ver en este tiempo de elecciones estará filtrado por la Inteligencia Artificial.

Esto nos pone, como comunidad y como individuos, depositarios del poder que vamos a renovar en las próximas elecciones, en un lugar clave, pero complejo a la vez. Tenemos que poder despejar, en ese tsunami de información que está ahí a punto de caer sobre nosotros, cuál es el lado verdadero de las cosas, de lo que vamos a ver, de lo que nos van a decir.

Ese ordenamiento de información lo hacemos en un contexto aún más que complicado. Los rumores del inminente reemplazo del Director de la cartera educativa provincial son un mojón en el mar de la crisis educativa que venimos sosteniendo y resistiendo. Un mar con estadísticas que nos grafican cómo nos empobrecimos al punto que tenemos que enseñar nuevamente, como en tiempos de Sarmiento, a escribir, a leer y a comprender.

Y esto puede parecer insignificante, pero en la vuelta que dio el mundo es crucial. Entre hoy y el próximo 7 de septiembre vamos a tener que escribir, leer e interpretar cientos de miles de mensajes, en los cuales vamos a tener que descifrar qué están diciendo y qué están proponiendo los candidatos de los diferentes espacios, que lentamente son presentados en sociedad. Cómo vamos a dilucidar el lado verdadero de las cosas, para que la atracción de una foto “edulcorada” no nos lleve a una nueva decepción social, una de las tantas por la que ha atravesado la sociedad argentina en general, y los montenses en particular.

Así estamos, presos de nosotros mismos. En un trabajo muy corto pero interesante, La Argentina: una víctima de sí misma, del 2003, y en donde se ponía en la mesa una posible idea de por qué llegamos a la crisis del 2001, propone que nuestro desarrollo se puede explicar en dos planos: el crecimiento de la economía y el crecimiento de las expectativas sociales. La interacción entre estas variables explica en parte nuestro devenir histórico, por lo menos desde la consolidación del Estado nacional a fines del siglo XIX. Cuando coincidieron o se acercaron, la realidad del país fue exitosa. Cuando se alejan, la insatisfacción crece y el fracaso se convierte en el aire que respiramos a diario. Y más adelante plantea: “la sociedad carece de una dirigencia capaz de canalizar sus expectativas y articular consensos básicos…”.

Podemos traspolar algunos conceptos al momento político actual, caracterizado por altas expectativas sociales que fueron desoídas y aún no logran ser cubiertas en la medida que los distintos sectores reclaman, y la insatisfacción social ante una dirigencia que no logra articular acciones en beneficio de la sociedad en su conjunto. La reciente presentación de listas de candidatos fue la demostración del agotamiento de las fuerzas políticas ante una complejidad social y económica que los supera. Los que están han abusado del edulcoramiento de las fotos, al punto de hacernos vivir en un crucero Disney que navega en medio de la pampa deprimida. Y los que pugnan por llegar han construido una balsa con una base endeble, cuyo gran desafío es sostener la presión, cada vez más fuerte, de la sociedad. Sobre ese panorama, los pasajeros, nosotros, presos de nosotros mismos…