El pensamiento de Schopenhauer, pecando de la utilización del reduccionismo vil, parte de la premisa de que el mundo está regido por una voluntad incansable y persistente que nos convierte en meros seres deseadores. Somos seres que deseamos incansablemente y, cuando logramos la satisfacción de un deseo, siempre emerge uno nuevo, que a su vez busca el mismo fin, ser satisfecho; esta simbiosis que nos atormenta y maltrata sin descanso nos lleva a convivir constantemente con el sufrimiento y el aburrimiento. Schopenhauer explica, que un humano sabio no tiene como fin ser feliz, sino más bien lograr la ausencia de dolor.

Transcribo la cita para que el mismo Arthur nos explique de que va su pensamiento: “La voluntad se encuentra en un mundo sin fin ni límites, como individuo entre innumerables individuos que se afanan, sufren, yerran; y como en un mal sueño, se precipita de nuevo a su antigua inconsciencia. Más hasta entonces sus deseos son ilimitados, sus exigencias, inagotables, y cada deseo satisfecho hace nacer otro nuevo. Ninguna satisfacción posible en el mundo podría bastar para acallar sus exigencias, poner un punto final a su deseo y llenar el abismo sin fondo de su corazón”.El mundo como voluntad y representación, II, cap. 46

El filósofo alemán en su obra cumbre nos dice que el fin de la existencia no es la felicidad, sino desapegarnos de la vida, dice en El libro Mundo como voluntad y representación: “Solo hay un error innato: pensar que existimos para ser felices”. Mientras persistimos una y otra vez en darnos contra este muro y nos “reafirmamos en los dogmas optimistas”, el mundo se nos aparece como una continua contradicción, ya que a cada paso experimentamos que el mundo y la vida “no se han hecho para contener una existencia feliz”, nos extrañamos e incluso nos indignamos por esta situación, pero la vida es un negocio que no cubre los gastos.

Arthur nos dice que: “En la vida todo está indicado para sacarnos de aquel error originario y convencernos de que el fin de nuestra existencia no es ser felices. Incluso si la consideramos de cerca y de forma imparcial, la vida se presenta más bien como destinada a que no nos sintamos felices en ella, ya que lleva en toda su naturaleza el carácter de algo, de lo que se le pierde el gusto y se quitan las ganas, algo de lo que hemos de desistir como de un error, a fin de que nuestro corazón se cure del ansia de disfrutar y de vivir, y se aparte del mundo”.

Nunca hay que renunciar a la alegría cuando llega

Si bien es cierto que alcanzar la felicidad, para la mayoría de todos nosotros resulta imposible, no quiere decir ello que no existan momentos en nuestra vida en los que la alegría y el contento se apoderan de nuestros corazones. Schopenhauer, de hecho, plantea que la circunstancia de que en la juventud estemos por lo general de buen humor y con gran vitalidad se debe a que no tenemos a la muerte como horizonte.

“Sin embargo, cuando la hemos superado y envejecemos, «divisamos la muerte en su realidad, de la cual, hasta entonces, solo sabíamos de oídas; en ese instante, las fuerzas vitales comienzan a mermar, y también los ánimos, de manera que la desbordada alegría de la juventud se sustituye por una gravosa seriedad que también se refleja en el rostro”, escribió Schopenhauer.

La vida es una lucha… y nunca dejaremos de lucha

Schopenhauer nos manifiesta que seamos valientes y permanezcamos firmes e imperturbables ante lo que el destino nos ponga en la frente, “porque toda la vida es una lucha y cada paso ha de ser conquistado”. Obviamente que esta filosofía está alejadísima de situarnos en un inoperante quietismo o en un derrotismo estéril, al contrario, nos invita a encarar el mundo sin esquivar ninguna de sus variables, por oscuras, penosas u onerosas que puedan resultar.

La obra de Arthur Schopenhauer es amplia, este articulo solamente cuenta una pequeña parte de las cavilaciones del alemán, eso si esperamos que sirva para motivar a algún atento lector a introducirse y degustar del pensamiento de este ser humano, Borges, como dijimos lo admiraba, también Nietzsche.