Los anglosajones y en particular en el campo de las ciencias sociales llaman take off, a los momentos en donde las sociedades producen un despegue que marca una diferencia con la etapa anterior. Vale el ejemplo de la Revolución Industrial para dimensionar de qué estamos hablando. Quizá el más reciente a título mundial sean los desarrollos tecnológicos que dieron vida a la revolución de internet. En el caso de Monte y en el camino de celebrar 245 años de historia tenemos seguramente muchos. Y tantos como miradas sobre nuestro evolucionar existan.

En la ponencia presentada en el Congreso de Historia de los Pueblos, que ya hace décadas organiza el Archivo Histórico de la PBA, Política y vida cotidiana en Monte, planteamos una mirada no innovadora, podrían decir, pero sí que sale del tridente oficial que marca una evolución lineal entre el fortín, Rosas y el más allá, dejando de lado momentos contundentes de estos 245 años y que marcan un verdadero despegue y que nos abren una ventana por la que podemos ver una dinámica social, económica y política muy amplia y rica en historias individuales y colectivas que superan la mirada lineal que pretende convertirnos en una síntesis de dos o tres acontecimientos puntuales.

El siglo XIX es mucho más complejo que el relato oficial. Podríamos decir que se da aproximadamente a mediados del mismo el primero de los despegues, ya que después de la caída de Rosas el epicentro de lo que podríamos denominar la Etapa Colonial, y que giraba en torno del fortín y de lo que podría quedar de él y el complejo administrativo en la manzana que actualmente ocupa el edificio de la Escuela 16, irá perdiendo protagonismo. No tenemos documentos a la vista que nos permitan certificar por qué. Sí sabemos que, para 1868, lo que se denominaba como Plaza Lavalle, la actual Plaza España, se convertirá en silencioso testigo de otro tiempo. Para 1863, la construcción del nuevo templo a unas cuadras al norte pone proa a un cambio territorial y administrativo muy importante alrededor de la manzana conocida hoy como Plaza Adolfo Alsina. Ahí el segundo despegue.

La Iglesia, un nuevo edificio municipal, la Plaza, la conformación de un núcleo urbano que es la base de una nueva “burguesía local” que de a poco toma el control de la vida política del pueblo, marcan que una nueva etapa está consolidándose. Rediseño urbano, fortalecimiento de la conexión con el nivel provincial, el impacto de la inmigración con sus consecuencias sociales y económicas nos llevan, de a poco, a un nuevo despegue.

Este momento marcará el comienzo de la modernización definitiva de Monte; en la intersección de las calles San Juan y Dolores, donde hoy comienza la Av. San Martín y como certifica el Plano Boulevard, se traza la diagonal que cambiará la historia: la conexión del pueblo con el paso del progreso materializado en la llegada del ferrocarril. Ya nada será como antes, y la modernización, como se la entendía ya casi a comienzos del 1900, toma forma en múltiples cambios que consolidan y redefinen a la vez la identidad de los montenses.

Somos la consecuencia de esos cambios, heredamos una rica historia. 245 años después, el pueblo tal cual lo conocemos nació en esos momentos y se lo pensó y desarrolló como consecuencia de cada uno de esos despegues y otros tantos que marca la historia del siglo XX.

El actual momento nos encuentra un poco desorientados. Algunas opiniones, especialmente de quienes conocen la dinámica comercial más que un simple conocedor de datos históricos como quien redacta, afirman que estamos en una meseta, como estancados. Algo nos retiene, no nos deja mover. Tal vez falten algunos esfuerzos para un nuevo despegue que nos posicione definitivamente ante el mundo global. Pero eso sí, con fuerte impronta de la identidad montense como bandera. Sólidos en las metas y conectados con esa rica herencia que contiene muchos momentos de estancamiento y muchos ejemplos de cómo la comunidad salió al paso y los superó.

A fuerza de despegues llegamos hasta acá. Será cuestión que cada uno haga el esfuerzo para sacar la rueda estancada en la huella y retomar el camino que ya nos marcaron aquellos primeros montenses protegidos por una decrépita empalizada en la margen norte de la laguna en un virulento 1779.